The Broken Tooth, Part I

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Oct 29, 2014 06:14
The Broken Tooth, Part I

I'm going to translate "El diente roto"by Pedro Emilio Coll, a Venezuelan writer born in 1872. This short story was written in 1890 and it was read by several generation of Venezuelan elementary school students. It predates "Being There" by 80 years.


Being twelve years old, Juan Peña was fighting with scoundrels when a stone was thrown on one of his teeth. The blood washed the dirt on his face, and the tooth
broke in the shape of a sawtooth. That day began Juan Peña's golden age.

With the tip of his tongue, Juan touched relentlessly the broken tooth; his body immobile, looking at the void, thinking of nothing. So, the troublemaker and quarrelsome boy became quiet and peaceful.

Juan's parents, tired of hearing complains of neighbors and non-residents, victims of the boy's perversity, had exhausted all kind of reprimands and punishments, and were now astonished and anguished by Juan's sudden transformation.

Juan didn't jape, and remained in hieratic attitude for hours, like in ecstasy; meanwhile, in there, in the darkness of his closed mouth, the tongue mindlessly stroked the broken tooth.

"The child isn't well, Pablo", said the mother to her husband, "We must call a doctor."

The doctor came and proceeded to the diagnosis: good pulse, red checks, excellent appetite, no sign of illness.

"Madam", finally said the wise man after a long examination, "the holiness of my profession imposes me me the duty to tell you..."

"Tell me what, my dear doctor?", interrupted the distressed mother.

Final part here:
http://lang-8.com/403816/journals/277957095569417315622289872993872318202
El diente roto
Por Pedro Emilio Coll

A los doce años, combatiendo Juan Peña con unos granujas recibió un guijarro sobre un diente; la sangre corrió lavándole el sucio de la cara, y el diente se partió en forma de sierra. Desde ese día principia la edad de oro de Juan Peña.

Con la punta de la lengua, Juan tentaba sin cesar el diente roto; el cuerpo inmóvil, vaga la mirada sin pensar. Así, de alborotador y pendenciero, tornóse en callado y tranquilo.

Los padres de Juan, hartos de escuchar quejas de los vecinos y transeúntes víctimas de las perversidades del chico, y que habían agotado toda clase de reprimendas y castigos, estaban ahora estupefactos y angustiados con la súbita transformación de Juan.

Juan no chistaba y permanecía horas enteras en actitud hierática, como en éxtasis; mientras, allá adentro, en la oscuridad de la boca cerrada, la lengua acariciaba el diente roto sin pensar.

-El niño no está bien, Pablo -decía la madre al marido-, hay que llamar al médico.

Llegó el doctor y procedió al diagnóstico: buen pulso, mofletes sanguíneos, excelente apetito, ningún síntoma de enfermedad.

-Señora -terminó por decir el sabio después de un largo examen- la santidad de mi profesión me impone el deber de declarar a usted...

-¿Qué, señor doctor de mi alma? -interrumpió la angustiada madre.